
Una de las
terrazas del hotel. |
Hotel La Cazalla
El hotel La Cazalla,
situado en el Tajo del Abanico, ofrece a sus huéspedes
la posibilidad de descansar y olvidarse del mundanal
ruido a tan sólo tres kilómetros de Ronda. Además, su
oferta se limita a cinco habitaciones que aseguran la
tranquilidad y el sosiego.
María Ruiz estuvo años buscando el lugar idóneo para
construir su anhelado hotel, el establecimiento que ella
había imaginado en las largas horas que pasó en
estaciones y aeropuertos, trenes y aviones, a
consecuencia de su trabajo. Quería un lugar perdido en
el campo, pero –a la vez– cerca de una ciudad ni
demasiado pequeña ni demasiado grande, que ofreciese al
viajero la posibilidad de disfrutar de cierto ambiente
urbano, si es que lo echaba de menos, sin las prisas y
el agobio de las grandes urbes. Y finalmente lo encontró
en la zona conocida como el Tajo del Abanico. Un paraje
de enorme belleza situado a tan sólo tres kilómetros de
Ronda. María ha conseguido transformar una vieja casa en
un edificio repleto de belleza y encanto, donde lo nuevo
y lo antiguo se funden de modo armonioso. Además, la
existencia de sólo cinco habitaciones y el trato
familiar de la propietaria ayudan a que el viajero se
sienta como en casa.
El agua juega un papel muy importante en este hotel,
donde las duchas son de reminiscencias árabes, en honor
a los antiguos pobladores de la zona y donde aún se
conserva una antigua alberca del siglo XII, alimentada
por agua del manantial que, quizás, con el paso del
tiempo, quede convertida en una piscina del más absoluto
lujo. Y, por supuesto, también en el patio se puede
escuchar constantemente el sonido del lento correr del
agua.
Otra prueba de esa fusión entre lo de ahora y lo de
antes es el sofá que preside el salón de la casa,
excavado en una pared de piedra que había sido tapada
con capas y capas de cal, situado sobre un suelo de
barro que María ni siquiera se atreve a fechar, ya que
es el tercero que han encontrado en «esta antigua
morada». Piedras romanas y árabes, descubiertas en los
terrenos de la finca, decoran diferentes rincones del
lugar, de hecho, a ella le gusta presumir de que «no se
ha desperdiciado nada».
Habitaciones únicas
Las habitaciones, todas dobles, amplias y luminosas,
están situadas en la segunda planta, desde donde tienen
unas increíbles vistas de la finca, repleta de arboleda
y vegetación. Cada una tiene su propio estilo que la
hace diferente a las demás, aunque, eso sí, todas están
decoradas con los detalles propios del establecimiento
hotelero, ya que para María, «cuando tú abres las
puertas de tu casa todo el que entra es amigo tuyo, así
que tú pones los detalles de tu hogar», comenta la
empresaria que se ha colocado al frente de esta peculiar
inciativa turística.
Pero el hotel no es tan sólo el edificio donde están
situadas las habitaciones, el comedor, la cocina y el
salón; sino que, además, posee miles de metros de
terreno en los que los clientes pueden ‘perderse’, sin
dejar de disfrutar de las máximas comodidades, ya que,
hasta en los más rebuscados rincones, hay un pequeño
banco donde sentarse a leer, a charlar o, simplemente, a
admirar el paisaje. Los 50.000 metros cuadrados de la
finca están poblados de encinas, olivos, granados,
membrillos, almendros y otras muchas especies, lo que
supone un pequeño valle en los alrededores de la casa.
Además, para el invierno, los huéspedes disfrutarán de
la chimenea situada en el salón, alrededor de la cual
discurrirán las cenas y los desayunos, ya que, por
ahora, lo que este hotel no ofrece es el almuerzo,
aunque, en un futuro, tan sólo lleva dos meses
funcionando, María Ruiz tiene intención de ampliar el
número de habitaciones y de crear un restaurante, con el
fin de hacer aún más agradable a los viajeros su
estancia allí y ampliar su oferta de servicios. De
hecho, para la gerente del hotel, lo realmente
importante es que ‘La Cazalla’ continue siendo un
«hotelito con encanto», según sus palabras. |
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Datos prácticos |
Dirección:
Tajo del Abanico.
Teléfono: 952 114 175.
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